Me inscribí en una app de citas… por pura curiosidad.
Lo que encontré fue mucho mejor: un hombre que respondía cada ironía con otra todavía más ingeniosa.
Todo funcionó de maravillas…
…hasta que dejó de funcionar.
Porque el sarcasmo es un idioma muy particular. Si los dos lo hablan, nacen conversaciones inolvidables. Si uno lo toma literalmente… el castillo se derrumba.
Una historia real, con humor, zapatitos de cristal, podólogos… y una pequeña reflexión sobre lo difícil que es encontrar a alguien que juegue en la misma frecuencia.